Psique y Cupido . (Psyche and Cupid)
Versión libre de la leyendaPsique
La rocambolesca historia de una sempiterna flecha, para ser más exactos, de un inmortal dardo, comenzó el día que su creador le dio forma.
Hermes, hijo de Zeus , Dios inventor y bienhechor, morador del Olimpo, amigo de los hombres y mensajero de los dioses, fabricó un instrumento punzante e invisible. Eros, hijo de Afrodita , el Dios del Amor, se encaprichó de aquel juguete, con tanto énfasis lo hizo que no dudó en firmar un pacto, el arco y la flecha a cambio de su primer hijo .
Eros tan creído de si mismo, fuerza eternamente insatisfecha que siempre consigue lo que persigue, aceptó el pacto, él era el Amor, jamás el Amor podría engendrar hijos, jamas Cupido tendría vástagos.
Psique, una linda muchacha de ojos verdes esmeralda, de tal belleza y soberbia que estaba enamorada de su propio reflejo en el agua de las fuentes y manantiales, siempre vagaba por entre aljibes y fontanas, mirando sus propias facciones en la transparencia cristalina de las aguas. Se vanagloriaba de su amor propio y despreciaba sin pudor a cuanto pretendiente se acercara a su casa, ya fuesen ricos, hermosos, galantes, héroes o reyes.
Su padre cansado del orgullo y prepotencia de su vanidosa hija consultó con el Oráculo.
Al día siguiente, siguiendo los dictados del Oráculo, Psique fue llevada a un rincón solitario de pletórica y desbordante beldad durante el día, pero donde ella debía permanecer en la más absoluta oscuridad de la noche.
Afrodita, al presenciar la hermosura de aquella joven, montó en cólera y le pidió a su hijo Eros que terminase con tamaña desfachatez.
¡ Una mortal haciendo de menos a una Diosa! ¡Imperdonable!
Y Cupido, armado del arco y flecha de Hermes bajó del Olimpo y hallose a Psique encaramada en una roca, a quien pretendía matar. En medio de la oscuridad de la noche, alzó su arco, disparó la saeta y al atravesar su pecho la contempló con otros ojos, quedo atónito de su belleza y prendado de ella y como los Dioses todo lo pueden, poseyola sobre la roca, en la noche, para desaparecer al amanecer el día.
Psique, cada noche, sentada sobre la roca, gozaba del amor de Eros en orgasmos de lujuria, en la impunidad de la noche, en la libertad del secretismo, tal era su placer que su amor propio cedió y se trasladó hacia aquel ser que la hacía suya en la noche.
Eros le habló el segundo día, le dijo que le procuraría todo el deleite y goce que nunca imaginó, cada noche, a cambio de que ella no le viera, no averiguase con quien yacía. Si un día una sola luminaria aparecía en su derredor, toda la magia se transfiguraría en desvelos.
Psique, pletórica de Amor, por el día, contaba a sus hermanas las dichas que a la noche vivía y ellas envidiosas y celosas, conocedoras de toda la historia, una noche, provistas con una lámpara, acecharon sus amoríos y encendieron una luminaria en la plena oscuridad, que les reveló el rostro de un Dios alado, el dios del Amor, Eros, Cupido, poseyendo a su hermana.
En medio de aquella luz, Psique contempló la desilusión reflejada en su bello rostro
Eros cumplió su promesa y abandonó a la mortal a su destino.
Sus tres hermanas acabaron sus vidas arrojadas desde un precipicio por orden divina.
Psique, entristecida, vagó por la tierra buscándole, sin encontrarle. Pidió ayuda a Zeus, pero este la castigó con la fealdad, su único don era llevar dentro de si el hijo de un Dios.
Y un día nació su hijo. Se le iluminó el rostro.
Hermes, pidió a Eros que cumpliese su pacto y le trajese a su hijo que acababa de nacer.
Eros bajó a la tierra, contempló asqueado la fealdad de Psique, le arrebató a su hijo y regalola un espejo para que siempre contemplase su fealdad. Psique lloró.
Afrodita, compasiva, al ver la fealdad y tristeza de Psique y sentirse defraudada por no tener a nadie con quien poder compararse en hermosura, pidió a Zeus que la tornase a su belleza , lo que el padre de los Dioses cumplió y con la belleza, retornó el amor propio, sólo, sólo el amor propio. ¡ Que crudo ¡
Lo siento, el autor de este relato no puede consentir tamaña crueldad, es una crueldad sin parangón, maligna, indigna, impía, aborregada, necia, estúpida, indecente, mejor la muerte que la tamaña afrenta. Condenarla al amor propio, después de haber sido poseída por el Dios del Amor es calamitoso, así pues, el autor prosigue : Psique, buscó a su hijo por todos los rincones y lo encontró jugando con Hermes, este, amigo de los hombres, se ofuscó ante la belleza de la mortal mujer y la hizo suya, Psique se entregó a la luz del día, sin miedos ni misterios y a pesar que el goce que la mujer sintió no tenía parangón con el que había sentido en la oscuridad al lado de Eros, tampoco estaba tan mal, la diferencia la compensó el cariño de su hijo.
Y el amor propio lo dejó para otros, había descubierto el amor compartido.
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